Baltimore al desnudo

Siguiendo las bolitas de Naftalina

Gatunante

Pues si, de nuevo al tajo. Como el método hacker iba para largo decidimos seguir otra línea de investigación. Buscar a Alexia Mateos, una compañera de trabajo de John Briggs. No fue excesivamente difícil, pero no había nadie en casa y la señora de la limpieza iba a encontrar trabajo extra. La cerradura forzada, signos de pelea en el salón, cristales rotos de una mesa de centro, un poco de sangre aquí y allá, no demasiada y una cosa muy curiosa y sorprendente, unos frascos de perfume sin perfume rellenados con bolitas de naftalina y pétalos de rosa. Cogí uno por si nos servía de algo.
Ni Alexia ni cuerpo de Alexia. Salimos de allí pitando y una vez lejos llamé a la policía para que hicieran su trabajo.

El extraño escaparate de frascos con bolas y pétalos se correspondía con la escena de varias desapariciones de mujeres jóvenes, solteras, activas y hermosas. El único cadáver encontrado de una de las desaparecidas se encontró en Herring Run Park. Fuimos hasta allí, pero lo único que logré captar fue un rastro viejo de naftalina.
Menos mal que tenemos a Rainer. Volvimos al apartamento de Alexia poco después de que saliera de allí la policía y nos dispusimos a realizar el ritual de localización. Bueno, las noticias no eran buenas, el péndulo señalaba dos lugares diferentes como localización de Alexia y como suponemos que no puede estar en dos sitios a la vez, al menos de una pieza, todos pensamos que no íbamos a poder hablar con ella.
Decidimos investigar la dirección mas cercana, en el barrio de Oliver, al este del Cementerio de Greenmount. Un barrio deprimido, con casas abandonadas, alta tasa de delincuencia y altercados racistas. Siguiendo mi olfato felino guié a mis compañeros hasta una puerta de la cuarta planta del edificio señalado por el péndulo.
El apartamento era bastante cutre, pero su inquilino era de lo mas interesante. Hiro Koneru ponía en el timbre de abajo. Un pirado de las cosas afiladas y nuestro asesino de las bolitas de naftalina.
Intentamos interrogarle, pero no se tomó muy bien la intromisión. Estaba el tipo afilando sus juguetes cuando me hice de notar. Podría haber sido peor, me cortó mi precioso rabo. Rainer contraatacó con su escopeta multiusos y lanzó una telaraña para inmovilizarlo, pero la única que quedó telarañeada fui yo. Otra humillación mas. El señor Koneru se limitó a cortar el suelo como si fuera mantequilla con sus dos katanas y caer al piso del vecino dándole un susto de muerte, justo entre las dos cejas. Rainer hizo puenting desde una ventana y entró en el piso de abajo. Koneru quedó bastante impresionado y se permitió dedicar unos minutos a las cortesías de responder primero antes de disparar…, o cortar. Lo dicho, en su nevera estaba la cabeza de Alexia y en el otro punto que señaló el péndulo se encontraba el resto, en la casa del que le hizo el encargo a Koneru. Cuando por fin logré desenredarme de aquella cosa pegajosa ya se había ido. Necesitábamos hablar con Alexia y al menos, la parte donde estaba la boca la teníamos a nuestro alcance, así que Rainer interrogó a su fantasma o algo parecido y nos dio las contraseñas necesarias para entrar en los ordenadores que nos dio Briggs. Por lo menos había servido de algo. Siempre he querido tener una katana. Pues me he pillado un daisho de la marca Koneru. Le diré a Uriel que me enseñe a manejar una espada.
Nos largamos de allí corriendo, justo antes de que la casa ardiera como una antorcha.
Fuimos a ver al hacker y le dimos las contraseñas, por fin pudimos enterarnos de los planes de los vampiros de la Corte Roja. un informe bioquímico, un sistema de extracción de fluidos, un procedimiento para aislar una sustancia y combinarla con gelatina para estabilizar el producto y crear una droga que convierte a la gente en adictos a la sangre de vampiro. Informes sobre experimentos realizados en diversos grupos de población, entre ellos una escuela infantil.
Copié gran parte de todo aquello en un pen-drive y se lo envié a Allison Hadley.
La otra localización de Alexia Mateos corresponde a una mansión situada en el Condado de Carroll, al oeste de Baltimore y pertenece a Omar Tamala, afamado arquitecto de gran parte de los mas emblemáticos edificios de Dubai. La mansión es de estilo modernista, mucho crista y acero, y está rodeada por un gran jardín patrullado por guardias de seguridad.
A pesar de todo, decidieron que era mas importante acabar con la Operación Adicción orquestada por Petra y Mender.
Primero propusieron acabar con todos los científicos implicados en el proyecto, os lo podéis creer? Que somos los buenos!!!! Se pusieron a buscarlos a través de los nombres que aparecían en el disco duro de los ordenadores robados. Por suerte o por desgracia, la mayoría constaban como desaparecidos en los archivos de la policía y del resto no se sabía nada aunque no se había denunciado su desaparición. Menos mal.
Finalmente decidieron ir a por Mender. Mapa, péndulo y…, sorpresa!!!!! Miles de puntos por toda la ciudad. Vaya cara de tontos que se nos quedó. Parecía lógico que se hubiera protegido contra la localización. Pero no tan bien como él creía. Definitivamente, uno de los puntos parecía brillar con mas intensidad que el resto y , oh, casualidad! era la localización de la casa de Omar.
El panorama no había variado desde nuestra anterior visita. Me fui a hacer una vuelta de reconocimiento en mi forma mas sigilosa y discreta, Circe.
En el garaje de Omar, entre una pretenciosa colección de coches caros un grupo de hombres ponía a punto y cargaba con bidones que olían sospechosamente a algo que hacía Boom, una furgoneta. Que malas ideas tiene la gente! Lo mismo les explotaba en los morros!
Allí estaba Omar, observando el trabajo, cuando una mujer se le acercó y le pegó un buen mordisco en el cuello. Vaya, vaya, el amigo Omar es un esclavo de los vampiros.
Regresé junto a mis compañeros y les relaté lo que había descubierto. Bueno, no había mucho mas que hablar, teníamos que entrar, así que usé mi recién adquirido don y nos oculté bajo una capa de glamour.
En la primera habitación que encontramos a dos guardias y una mujer viendo la tele. De repente se ponen moralistas con la necesidad o no de matar a esos tres. Pero si hace un momento se querían cargar a una docena de científicos por si las moscas!!!!! Al final entran en razón y Rainer y su escopeta mágica hacen un trabajo impecable. Tres menos de los que preocuparnos. Seguimos avanzando y nos topamos con un vampiro que, para nuestra desgracia, atraviesa mi velo y el ataque sorpresa de Uriel con su brutal espada es esquivado. El colega se pone en plan matrix, saltando por los aires, haciendo contorsionismo y sacando las escopetas para dispararnos. Afortunadamente, Rainer reacciona y usa una de sus pociones para silenciar la zona y evitar que vengan mas a unirse a la fiesta.
El tipo es duro de narices, su único punto débil es el plexo solar y allá van todos los golpes, disparos y cuchilladas, aún así tiene tiempo de dispararme un par de veces. Nada que una tirita no pueda curar. Otro menos.
Subimos al piso de arriba y nos encontramos a Omar en una posición un tanto comprometida…, por lo visto a los vampiros no solo les gusta la sangre y por suerte para nosotros, a esta vampiresa en concreto le gusta estar “por encima” de los meros mortales.
Por la espalda, por sorpresa…, por la magia de Rainer, vampiresa al aire, otro menos. Omar se llevó un susto de muerte, eso de estar follando y que te vuelen en pedacitos a tu pareja es para traumatizar a cualquiera, no?
Cantó como un pajarito!
La furgoneta explosiva es para volar el edificio de la televisión que controla Marcus Twain y Mender se encuentra en un bunker subterráneo bajo la casa al que se accede por la nevera de la cocina.

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simaehl umerue

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